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Teodosio
el Grande, de Coca, en Segovia.(379-395).
Flavius Theodosius, emperador romano, nacido en Cauca, hoy Coca
(Segovia) el 11 enero 347 (según algunas fuentes habría nacido
el 330 ó el 335). Murió en Milán el 17 enero 395.
Los antecedentes de su familia son poco conocidos, aunque se sabe
que era hijo del distinguido general Teodosio, llamado generalmente
el Viejo para diferenciarlo de su hijo, y que pertenecía
a una familia cristiana, posiblemente influyente. El ambiente familiar
es sin duda el de los propietarios latifundistas de la Meseta. Se
ignora el nombre de la madre, pero su tío Eucherius ocupó
cargos notables tras su elección para el trono imperial.
Fue exclusivamente militar; se inició a las órdenes
de su padre en la campaña de Britania. Fue nombrado después
dux de Moesia, donde se distinguió (a. 374) luchando contra
los sármatas. Poco después, como consecuencia de la
ejecución de su padre, se retiró a sus propiedades
en Coca (Segovia) España, en donde casó el año
376 d.c. con Aelia Flaccilla. El año 378 d. C. fue llamado
por el emperador Graciano. Algunos autores hablan de posible parentesco
con Trajano a causa de su semejanza física, pero, al contrario
de Trajano, Teodosio era rubio, distinguido y como única
coincidencia con aquél tenía nariz aguileña.
Los retratos de Teodosio que han llegado hasta nosotros no abonan
esta pretendida semejanza. La elección de Teodosio como emperador,
fue ciertamente extraña, puesto que le eligió como
colega quien pocos años antes había ordenado la ejecución
de su padre, y fue resultado de un acuerdo entre senadores y cortesanos
de origen hispano o galo. Aunque de escasa salud, sorportaba a gusto
la vida de campaña y gustaba de ser popular entre los soldados
y cuantos solicitaban de él favores. Amaba al mismo tiempo
la vida muelle y suntuosa. Tenía un alto concepto de sus
deberes como príncipe y como cristiano.
Una vez elegido emperador se trasladó a Sirmio. De allí,
en compañía de Graciano, se dirigió al frente
para intentar alguna operación contra los godos. Obtenido
algún éxito ambos augustos se separaron y Teodosio
estableció su residencia en Tesalónica. Tras pactar
con un tránsfuga, Modares, consiguió la retirada de
los godos. Este primer episodio anuncia ya la política pactista
que Teodosio llevaría a cabo durante su reinado. Ante las
necesidades del ejército romano intentó establecer
un reclutamiento intensivo, acompañado de la aceptación
de federados godos que fueron trasladados al frente persa en sustitución
de las unidades romanas. Al mismo tiempo promulgó severas
leyes para resolver el problema de quienes rehuían el servicio
de armas y reducir el personal de las oficinas militares. No permaneció
inactivo frente a las expediciones bárbaras en los Balcanes
durante el a. 380, y este periodo fue acompañado de una gran
actividad legislativa sobre temas religiosos y burocráticos.
Tras solicitar refuerzos de Graciano regresó a Tesalónica,
donde cayó gravemente enfermo. Fue en el curso de esta dolencia
cuando recibió el bautismo, según la costumbre de
la época que dilataba, entre cristianos, la recepción
de este sacramento. Recuperado, decidió trasladarse a Constantinopla
y establecer allí la que sería en adelante la capital
de la parte del imperio que controlaba.
Aprovechando la discordia entre los godos consiguió la paz,
estableciéndolos como federados en territorio romano al sur
del Danubio. Por el mismo tiempo, Graciano acordó una paz
análoga con los godos de Panonia. En adelante, soldados romanos
y godos debían contribuir a la defensa del frente danubiano.
Contento con esta paz, Teodosio multiplicó su actividad legislativa
y amplió el escalafón burocrático. Estableció
leyes suntuarias y protocolos y se preocupó de la moral privada
en una curiosa amalgama de severidad y sentimentalismo. Su política
religiosa fue de apoyo al cristianismo, al que declaró religión
oficial.
El asesinato de Graciano a manos del general Máximo, y la
proclamación de éste, lejano pariente de Teodosio,
como emperador en Occidente, tuvo como primera consecuencia que
Teodosio proclamara augusto a su hijo Arcadio. La política
de T. a partir de aquel momento debía orientarse a la protección
de los derechos imperiales de Valentiniano II, menor de edad y protegido
de S. Ambrosio. Con su prudencia habitual, Teodosio no se precipitó
en iniciar la guerra y prefirió dilatarse en embajadas. El
a. 384 nació Honorio, al año siguiente murieron la
emperatriz y su hija Pulqueria. Durante este periodo la actividad
legislativa aumentó, intentando resolver con el aumento de
las penas los abusos siempre crecientes de los gobernadores, la
crisis económica de las ciudades, el incremento del número
de los delatores o el matrimonio entre consanguíneos. Con
la habitual política pactista se solucionó momentáneamente
el problema persa. A ello hay que añadir algunos pequeños
triunfos sobre los godos, resultado de la decisión de los
generales más que de la voluntad de Teodosio.
El problema de Máximo continuaba en pie, mientras Valentiniano
II seguía aguardando en Constantinopla el momento de su regreso
a Milán, y sólo la ocupación de Panonia por
las tropas de Máximo decidió a Teodosio a emprender
la campaña (verano del 388). Ésta fue de una facilidad
tal que sorprendió en Constantinopla. Teodosio se estableció
en Milán y Valentiniano II marchó a las Galias para
hacerse cargo de sus estados. Una de las primeras medidas de Teodosio
fue abolir las leyes de Valentiniano II a favor de los arrianos.
El a. 389 celebró Teodosio su triunfo en la ciudad de Roma.
Durante este periodo continuó la actividad legisladora de
Teodosio, ocupándose de los temas más diversos según
le dictaba su afán detallista. Como en etapas anteriores,
los sectores beneficiados fueron la jerarquía eclesiástica
y los grandes propietarios rurales. La revuelta de Tesalónica
(a. 390), duramente reprimida, dio lugar a una intervención
de S. Ambrosio. En Constantinopla, donde permanecía Arcadio
como augusto, se sumaron a los problemas de gobierno la discordia
en la familia imperial, singularmente el desacuerdo entre el joven
emperador y su madrastra Gala. Sólo el regreso de Teodosio
el 391 calmó un tanto los ánimos. Por el camino emprendió
una campaña, poco brillante, contra los godos que ocupaban
Tracia. Fue asimismo en este momento cuando se alzó la estrella
de otro militar, el vándalo Estilicón (v.), que debía
jugar un papel importante en años sucesivos. Después
tuvo lugar el asesinato de Valentiniano II en las Galias y la proclamación
de un usurpador, Eugenio.
Emperador único y sin reconocer la alianza que le ofrecía
Eugenio, Teodosio designó augusto a Honorio en enero del
393 d. C. La lucha adoptó el carácter de una «guerra
de religión», en la que las leyes de tolerancia de
Eugenio, señor de Italia, recibían la respuesta de
las constituciones antipaganas y antiheréticas de Teodosio.
Sólo el 394, debido a las presiones de Gala, Teodosio decidió
acompañar la actividad legislativa de medidas militares.
Eugenio decidió defender las fronteras de Italia en los Alpes
Julianos. La lucha fue durísima. El ejército romano
de Occidente fue aniquilado y el de Oriente sufrió pérdidas
muy graves en la batalla de Rapidum, 5-6 de septiembre del año
394 d.C.
La victoria dio lugar a un nuevo conflicto entre S. Ambrosio y Teodosio,
pues en Roma éste y sus altos funcionarios acentuaron las
medidas contra los paganos. La campaña del 394 afectó
gravemente la salud de Teodosio, siempre mediana, que enfermó
en Milán. Las fuentes hablan de hidropesía, lo cual
no es una enfermedad, sino un síntoma. Murió el 17
enero del año 395 d. C. En su testamento confirmó
a Arcadio en sus antiguas provincias de Oriente y al joven Honorio
en las de Occidente. En funciones de virrey quedaba el fiel Estilicón,
sin duda el más fiel intérprete de la política
del emperador Teodosio I.
La actividad legislativa de Teodosio es abundante. Dadas las características
de su reinado, benefició más a Oriente, singularmente
a Constantinopla, que a Occidente. Fue fiel intérprete de
los intereses de su clase, los grandes propietarios, a quienes benefició
con sus leyes. Quizá sean injustas las críticas a
su política de ampliación de las fuerzas armadas;
no fue el único soberano de su tiempo que no supo evitar
o atenuar los roces entre ejército y administración.
Su concepto de la «monarquía carismática»
no le ayudó a cumplir sus deberes, pero todo juicio debe
tener en cuenta las circunstancias de su vida y las corrientes de
pensamiento dominantes. Es difícil juzgar hasta qué
punto supo, o no supo, conjugar su fe como cristiano y sus deberes
como emperador. Las fuentes sobre su reinado no son escasas, pero
sí parciales y excesivamente incisivas en aspectos que reflejan
más al hombre que al soberano. Por ello su política
frente a los bárbaros se ha presentado, probablemente con
común exageración, como reflejo de una política
superior de integración de los bárbaros en el mundo
romano.
El historiador romano Claudiano dice: El oriente gemía bajo
los carros de los godos; aquellos hombres de color extraño,
los rubios escuadrones, cubrían la llanura de la Tracia;
todas las glorias de Roma iban a apagarse si Teodosio no hubiera
venido a sostener el edificio que se derrumbaba, y con mano firme
no hubiese salvado el náufrago navío. Teodosio no
sólo vence a los godos, sino que a la vez obtiene un triunfo
moral sobre los bárbaros cuando su caudillo, Atanarico, le
pide protección y es recibido en Constantinopla. Su apoyo
al Cristianismo en contra del paganismo le hizo muy popular en la
Antigüedad, aunque en tiempos modernos se le ha tachado de
fanático, entre otras cosas quizá por su decisión
de abolir las Olimpíadas. El obispo de Milán, San
Ambrosio, se expresa así en su oración fúnebre
De obitu Theodosii oratio: "He amado a este hombre lleno de
misericordia, humilde en el tono imperial, de espíritu puro
y de corazón sencillo. He amado a este hombre que se inclinaba
más a sus censores que a sus aduladores. Despojándose
de toda la pompa real que constituía su ornato, lloró
públicamente en la iglesia su pecado, al que había
cedido prestando oídos a engañosos consejos, y entre
suspiros y lágrimas suplicó ser perdonado. De aquello
de que se avergüenzan los particulares, no se avergonzó
el emperador: De hacer penitencia pública. He amado al hombre
que en sus últimos instantes, con el postrer aliento, requirió
mi presencia a su lado. He amado al hombre que, cercana ya la descomposición
de su cuerpo, preocupábase más de la situación
de las Iglesias que de sus propios peligros. Lo he amado y así
lo proclamo..."
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